Esquina holguinera

Una mirada al mundo desde la ciudad cubana de los parques
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“Verde” que te quiero verde

Aún recuerdo el “abordaje” del Zil 131, las bromas pesadas de quienes llevaban varios años vestidos de “verde” y las tomaduras de pelo: buscar la llave del polígono; chofer del TSB (remolque para transportar líquidos); cargar el “cañón de guardia”… en fin, cualquier cubano puede narrarle en diez minutos miles de anécdotas de esa etapa que marca el final de la adolescencia y el inicio de la juventud:  el Servicio Militar.

Para varias generaciones de cubanos pasar el Servicio Militar ha sido un reto: el primer paso de un camino, desconocido para unos y fascinante para otros. Algunos argumentan: “Yo lo cumplí y no quiero eso para mi hijo”, y casi siempre inquiero: ¿Perdiste alguna parte del cuerpo en la experiencia?

A veces la sobreprotección como padres impide ver, y comprender, cuánto debemos agradecer a esa etapa que forja al joven y lo prepara para el compromiso de la vida.

Es cierto: hay que aprender a valerse por uno mismo en las condiciones más difíciles, pero también se adquieren conocimientos muy prácticos en táctica militar, tiro con el fusil AKM y otros armamentos, la orientación geográfica de día y noche…y, sobre todo, se ganan amigos para toda la vida, porque nacen en momentos duros, cuando se aprecian mejor virtudes y defectos.

Hasta el día en que salí de la casa vestido de civil y regresé, semanas más tarde  con unas libras de menos, “de verde”, rapado y con olor a botas nuevas, no comprendí el valor de la disciplina, llegar puntual a toda actividad o la responsabilidad ante toda tarea asignada, aunque a veces resulten incomprensibles, como aquellas primeras guardias en la “previa”, en las que el “palito” que portábamos a modo de fusil para cuidar una barraca cargada de literas, parecía un capricho más del exigente sargento.

Claro, hay que poner gran parte de sacrificio, de sudor, de trabajo. Las órdenes pueden parecer caprichos, pero hay que cumplirlas y esa distinción te hace más fácil el camino años después, cuando hay que enfrentarse a un plan exigente y un jefe severo que no cree en “tíos muertos” ni “transporte complicado” a la hora de cumplir obligaciones.

Mas hay una razón mucho más poderosa: vivimos en una Isla amenazada constantemente por el país más militarizado y violento del mundo, que mantiene desde hace medio siglo un férreo Bloqueo contra Cuba y, en más de una ocasión, ha dejado patente su intención de agredirnos.

Prepararse para defender la Patria si el imperialismo osa atacarnos, es, pues, la gran importancia del Servicio Militar. Bien lo ha afirmado en repetidas ocasiones el General de Ejército Raúl Castro: “Sudor que se derrama en la paz, es sangre que se evita en la guerra”, para recalcar que el momento de la acción no es para prepararse, hay que estar listos desde antes.

Así y todo, la primera impresión deja huellas imborrables. Los nuevos soldados siempre son recibidos en las unidades con una mezcla de alegría y fraternidad. Unos lo ven como el relevo que los sustituye en esa etapa, y otros, como los nuevos compañeros con los que compartirán intensas jornadas.

Bisoños soldados llegaron a la República Popular de Angola en tiempos gloriosos de Cangamba, Cuito, Menongue…, con el susto pintado en el rostro y la decisión inclaudicable de no retroceder. Para todos los que vivieron la experiencia fue una hermosa etapa de sus vidas, cuando compartieron la alegría del triunfo con el dolor del amigo caído.

También han cambiado mucho las condiciones de las unidades militares. Nuestros padres tuvieron que construir todo, levantar desde la nada las edificaciones que hoy albergan cómodamente a sargentos y soldados. Les tocó, también, higienizar al Escambray de aquella plaga de asesinos pagados por el Imperio; la gloria de Girón; las jornadas victoriosas de octubre; las heroicas misiones en Etiopía, Angola… A nosotros nos corresponde, por tanto, prepararnos bien en esta convulsa época, con el convencimiento de que la paz, para mantenerla, también engendra héroes.

Hace ya varios años que bajé del Zil; sin embargo, los amigos de entonces solemos recordar con agrado las anécdotas de entonces, como aquella ocasión en que el sargento instructor preguntó por choferes ante la recién estrenada tropa, deseosa de debutar.

Ante la inmediata “presión” de varias manos levantadas, seguidas de cerca por la mirada “envidiosa” de quienes no tenían licencia, el imperturbable sargento ordenó: “Ustedes seis, agarren esos vagones, que les tocó manejar hoy…”

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Date
Octubre 6th, 2010

Author
Froilán Parra Suárez

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3 to ““Verde” que te quiero verde”


  1. avatar
    Livia says:

    Hola, Froilán. Bonita crónica. Qué bien tenerte en blogcip. Exitos y felicitaciones.

  2. avatar
    Oscar Fundora says:

    Hace ya varios años que bajé del Zil; sin embargo, los amigos de entonces solemos recordar con agrado las anécdotas de entonces, como aquella ocasión en que el sargento instructor preguntó por choferes ante la recién estrenada tropa, deseosa de debutar.

    Ante la inmediata “presión” de varias manos levantadas, seguidas de cerca por la mirada “envidiosa” de quienes no tenían licencia, el imperturbable sargento ordenó: “Ustedes seis, agarren esos vagones, que les tocó manejar hoy…”

  3. avatar
    Rosa C. says:

    Froilan: Gracias por este trabajo.
    Como madre, confieso el terror que sufri en esa etapa, imaginando a mi hijo rodeado de armas y posibles tiros escapados… Confieso que nunca lo he visto tan gordo y tan seguro de si mismo como en esos dias… ya lejanos.
    Lo comparto con una hermana periodista, cuyo hijo justo en estos dias se inicia en estos avatares!